jueves, 7 de julio de 2011

El crimen de Betty Crocker

Mientras apretaba sus propios sesos entre sus manos temblorosas, pensaba en las galletas que lentamente se horneaban en la cocina de su casa. Lo perdería todo, si llegaba a sobrevivir, igual lo perdería todo en el incendio.

Serena se preguntó si la bala era la culpable de sus enredos. De pronto sintió nauseas y desvaneció.

Cuando salió del supermercado, las gotas de sudor acariciaban todo su cuerpo. Entró a su carro y cerró los pestillos mientras la embriagaba la melancolía, jamás imaginó recordar el cielo gris aplastante de los inviernos limeños con tal añoranza.

Antes de dar marcha al oxidado motor captó el desorden del asiento trasero con el rabillo del ojo.

Un ruido ensordecedor, seguido por un golpe seco en la nuca hizo que Serena se tocara frenéticamente la cabeza para comprobar si sangraba, lo que palpó fue mucho peor.

Cuando se animó a salir por una botella de vino para compartir con su invitado, pensó que estaría de vuelta a tiempo para sacar sus galletitas del horno, en vez de eso, las yemas de sus dedos llevaban más de media hora manoseando su propio cerebro.

Cuando volvió en sí, intentó en vano tocar la bocina con el pecho. Le hacía muecas a la gente y, procurando moverse poco, pedía ayuda. ¡¿Cómo es que nadie ve la sangre y el vidrio roto?! Seguro alguien se acercaría porque oyó un disparo, ya sea por morbo o por curiosidad, ¡Yo lo haría! Aunque en este pueblo tejano un disparo sería tan cotidiano como el sonido de un coche bomba en la Lima de 1989.

Sentía que la vida se le escapaba literalmente entre los dedos hasta que… ¡Albricias! Sin duda esa robusta mujer de pasos angostos venía hacia ella. Logró calmarse lo suficiente para explicarle su situación y en cuestión de minutos la rodeaban docenas de policías, bomberos y curiosos.

El bombero ajustó su protuberante quijada una vez más y tuc, le ganó al pestillo. Dos paramédicos se apuraron para atenderla.

“Miss, this is cookie dough!” seguro era una expresión que no conocía, por el trauma se había perdido en su traducción. No calaba en ella que eso era lo que le decían, ¿a qué se referían con masa de galletas? ¿Qué podría significar?

Poco tiempo le tomó caer en cuenta de la vergüenza que la hacía pasar su propio desorden.

El cilindro de masa de galletas lista para hornear que llevaba días abandonado en el carro, víctima del calor, había estallado e impactado el contenido contra su nuca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario